Desparasitando

Érase una vez un bosque, en un pequeño mundo que giraba alrededor de un sol moribundo.

En el hueco entre las raíces de algo que no era exactamente un árbol, tenía su nido una criatura sin ojos.

Se alimentaba a través de innumerables bocas sin dientes, que succionaban los jugos vitales de la planta que parasitaba.

Si un hipotético jardinero paseara entre aquellos no-árboles, en apenas un instante identificaría cuáles estaban colonizados por criaturas semejantes. Serían más pequeños y menos frondosos que sus congéneres, sus ramas más finas y menos verticales.

El jardinero suspiraría acariciando los ásperos troncos. Un pequeño taladro sobre la corteza abriría paso a la boquilla de un inyector cargado con un líquido opalino.

Cuando el sol hinchado volviera a brillar sobre las nubes, el flujo de nutrientes se habría invertido; el cuerpo muerto de la criatura serviría para que la maltrecha planta recuperara el vigor.

Rebeca A. López

Albacete, 1976. Licenciada en Psicología. Me fascinan las estrellas desde niña. Astronomía y astrofotografía nivel usuario. Escribo novelas en el móvil mientras espero a que los niños salgan de las clases extraescolares.

Puedes encontrarme en Twitter e Instagram.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *